Un control para cambiar al mundo

Personajes polímatas con el poder de hacer grandes cosas, de lograr los cambios que el mundo necesita

Es sorprendente cómo algunas cosas, eventos o palabras se arraigan en nuestra mente. Ruido interior que no se silencia, por el contrario, resuena, hace eco; nos obliga a explorar y dar forma a nuestra identidad.


De pequeño me maravillaba la existencia del control remoto, artefacto que a mi parecer, podía ocultar los misterios de la perpetuidad de nuestra especie. Aunque en esa época use otras palabras para describir la experiencia; el recuerdo, el deseo, era comprender cómo ese rectángulo negro hacía que las cosas pasaran.

Una curia de altos costos en la familia; era común encontrarlos descompuestos o a medio armar en diversos lugares de la casa. Una extraordinaria sensación precedía a quitar la tapa y ver en su interior pequeñas ciudades verdes, interconectadas y bien distribuidas. Podía observar un espacio bien definido para cada objeto.

De pequeño me preguntaba ¿cómo es que alguien se tomó el tiempo para dar una poderosa solución a un problema tan trivial? Lo expongo sin reclamo al gran científico Nikola Tesla, desde luego el tema no es el misterioso “Rayo de la Muerte” o su amor incomprendido a las palomas.

Lo cierto es que mi carrito de pilas pudo ser menos divertido pero igual hubiera funcionado; así como la televisión, el reproductor de vídeos y el estéreo seguirían cumpliendo su cometido.

Me preocupaba pensar, si ya tenemos el control remoto ¿Por qué esa gran mente no volteó a ver problemas más apremiantes? ¿Por qué no lo usa alguien para acabar con la miseria, el hambre, la basura, las enfermedades o la pobreza? En ese momento, me pareció que las grandes mentes se daban por vencidas.

Han pasado más de 20 años desde aquel tiempo y mi preocupación poco a cambiado.

Creo en el potencial de la humanidad, me gusta imaginar que de entre miles, salen de diversos lugares y pese a todas circunstancias, personajes polímatas con el poder de hacer grandes cosas, de lograr los cambios que el mundo necesita.

A veces tengo la impresión que las mentes brillantes, cual alquimistas, están ocupadas buscando oro. Las reglas lo permiten, el Sistema Nacional de Investigadores financia al científico y no a la ciencia, como prueba y resultado, México produce más artículos que patentes al año.

Las condiciones de nuestro país son claras y escribo desde el entendido que el hambre, la pobreza y las faltas de oportunidades son el reflejo del escaso progreso, que a su vez deja al descubierto la nula voluntad política.

Con la capacidad de cambiar al mundo la ciencia avanza y su impacto en la vida de las personas es proporcional al modo en el que se emplee, una responsabilidad del fabricante y en gran medida de la mano que lo sostenga.

Hoy en día el rectángulo negro que de niño veía con asombro evolucionó de manera impresionante, tiene una pantalla touch, mucha capacidad de almacenamiento y más funciones. En su prospectiva, se jacta de estar incrustado en nuestros cerebros, facilitando todas nuestras tareas, sobretodo, las más triviales.

Sería equivocado suponer que eso es lo peor que nos puede pasar. Lo que yo rescato son los esfuerzos por darle un buen uso a las cosas, por convertirlas en factor de libertad, crecimiento y mejora.

Como el uso de drones para llevar comida o para mejorar las prácticas de cultivo, así como reforzar los sistemas de protección y vigilancia; o usar el internet en las comunidades más remotas para llevar educación o telemedicina; o los sistemas de georreferenciación para localizar problemas sociales y ambientales con altos índices de medición.

Son acciones que no demandan despliegues enormes de recursos pero que tienen el potencial de acabar con la pobreza en el transcurso de una generación.

Del mismo modo existen esfuerzos de grupos de personas propositivas y comprometidas con el potencial para mejorar el panorama mundial. Tal es el caso de Covalent, que tomó el evolucionado control remoto (smartphone) para lanzar HODÓS.

Esta nueva Plataforma de Monitoreo de Emisiones y Acción Climática permite medir con las variables regionales precisas, para los mexicanos, su huella en términos de forzadores radiativos, lo que representa empoderar a las personas en las acciones de mitigación del cambio climático y calentamiento global.

Actos que recuerdan la fuerza transformadora de la voluntad, el talento y el trabajo. No pretendo desacreditar a la comunidad científica lo que busco es generar ruido, uno pequeño, en el interior de muchas más personas para lograr un camino. Un mejor camino.

Columnista: Edgar Abraham Tolentino Latorre.